Nunca puede darse un verano por perdido si ha servido para leer, por fin, El Quijote. Cuando en el mes de agosto comencé la lectura, aún no había terminado la de La Regenta y leía también, como a salto de mata, capítulos sueltos del tristísimo Libro del desasosiego. Así, casi por azar, convivieron en mi cabeza a un tiempo los tres personajes, Ana Ozores, Bernardo Soares y nuestro Quijote, protagonistas de tres obras en las que la melancolía campea a sus anchas. Protagonistas los tres de unas vidas con las que no están conformes y de las que necesitan imperiosamente salir.
Ahora, lo pienso cuando escribo estas líneas, viene también a mi mente el hecho de que los tres autores de estas novelas tienen en común el mostrar de una u otra manera, una cierta disconformidad con su nombre, con su vida. Fernando Pessoa, el gran poeta portugués, recurre a los heterónimos, Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos…”sus otros yoes” autores que escribían y “vivían” por él.