martes, 27 de enero de 2015

El mal gobierno: Tirano Banderas y La fiesta del Chivo

La novela de dictadores es un subgénero narrativo de las letras hispanas. Aunque sus títulos pertenezcan mayoritariamente a escritores hispanoamericanos (con antecedentes del siglo XIX), es Valle-Inclán el que inicia con Tirano Banderas (1926) este tipo de narraciones. Es tan claro su papel fundacional que la siguiente obra, El Señor Presidente, la compuso Miguel Ángel Asturias en los años inmediatamente posteriores, teniendo muy presente la lectura fervorosa del tirano de Valle-Inclán. De hecho, aunque la publicara en 1946, ya estaba terminada en 1932.
Mucho más tarde, en 1967, cuenta Carlos Fuentes que se reunieron en Londres, por invitación de Vargas Llosa y él mismo, lo más granado de los novelistas del boom latinoamericano para escribir un libro con relatos de tiranos. Al final lo que se publicó fueron cuatro novelas: El recurso del método (1974), de Alejo Carpentier; Yo el Supremo (1974), El otoño del patriarca (1974), de Gabriel García Márquez; y La fiesta del Chivo (2000), de Mario Vargas Llosa.
Entre las primeras y las últimas de estas novelas se sitúan las del novelista granadino Francisco Ayala: Muertes de perro (1958), publicada por primera vez durante su largo exilio, yen la que se aleja de prototipos realespara reflejar la condición humana y denunciar la arbitrariedad, el abuso de poder, la degradación humana y la corrupción que caracterizan las dictaduras. Esta novela tuvo su continuación en El fondo del vaso (1962).
Cuando Valle-Inclán escribe su obra tiene una clara intención de crear un espacio mítico y una atmósfera “americana”. El recurso más llamativo y, por su acumulación, dificultoso es el uso y abuso de los americanismos; pero no se conforma con los que proceden de toda la geografía hispanoamericana, sino que, además, se utilizan otros, derivados o inventados, para crear en el lector esa sensación de lo “americano”. Y lo hace hasta tal punto que supera en su acumulación y diversidad de origen geográfico a los escritores autóctonos.

tirano banderas
La otra dificultad de esta novela es la voluntad de estilo, tan presente en su etapa inicial (modernista), en su evolución hacia la farsa, y en su portentosa creación final: el esperpento. En esta novela están todos los recursos: visión deformada y deformante de la realidad, la animalización, muñequización y cosificación, el sentido trágico del destino de los personajes enfrentados a una realidad grotesca, la crueldad, la denuncia implacable de la vacuidad ramplona de las clases sociales españolas (Luces de bohemia) y americanas.
Y tanto acierta en la consecución de su objetivo, que con todos estos excesos estéticos nos ofrece un panorama desolador y verosímil de la realidad americana. Paradójicamente, una novela, nada esperpéntica y menos vanguardista, como es La fiesta del Chivo, al presentar una denuncia de los abusos de la dictadura dominicana caracterizada por la sevicia de Rafael L. Trujillo y el coro de sus secuaces y aduladores, tan crueles como el Jefe, entra en la enumeración de una serie de esperpénticos desmanes y arbitrariedades (tan disparatados como los variopintos excesos de la familia del dictador: sus chuscos hermanos, sus ociosos e ineptos hijos, la avaricia de la Prestante Dama; o el nombramiento militar de su hijo Ramfis, quien con solo cinco era coronel, y con nueve, fue ascendido a general de brigada).
Así es como las transferencias entre la realidad y la ficción transitan los caminos del esperpento.

Antonio Ávila Pablos

1 comentario:

  1. Espero ser quien abra el fuego con los comentarios. Y lo hago limitándome a trasladar, casi literalmente, la entrada en Wikipedia sobre la alegoría del Mal gobierno en el Palacio público de Siena. La alegoría del Buen gobierno ha estado en una de mis librerías durante diez años hasta que algún libro se la tragó(supongo). La obra es el mejor ejemplo de pintura gótica aplicada a un riguroso progama iconográfico laico que trata de representar las consecuencias del buen y el mal gobierno sobre la ciudad y el campo. En prácticamente todas las ediciones de La fiesta del chivo (creía que en todas, pero vi una de bolsillo el día de la reunión que me desmintió), aparece en portada la primera imagen que el visitante de la Sala de los nueve puede contemplar. La alegoría del mal gobierno, de la tiranía, representa al soberano, de apariencia diabólica, sentado en un trono y rodeado por una serie de personajes siniestros. Bajo sus pies aparece la justicia atada e incapaz de actuar y los atributos del tirano (sobre su cabeza) son la avaricia, la soberbia y la vanagloria. Lo antinatural, tan presente en las historias de Santos Banderas y de la literaturización de Rafael Trujillo, aparece representado a la izquierda en el híbrido entre carnero y reptil que sostiene otro de los personajes. En la parte izquierda del fresco esta representada la ciudad, en parte devastada, en la que se ceban la enfermedad o la muerte, una disputa entre conciudadanos. También son visibles (aunque el estado de este fresco es mucho peor que el de la alegoría del Buen Gobierno)las consecuencias del Mal Gobierno en el campo, completamente destruido. En definitiva, prima la idea del terror como “padre” de todas las desgracias y su protector es el tirano que se alimenta de él; a través de este terror se genera la destrucción de la confianza, de la esperanza, de la idea del bien común y todas las causas que hacen al hombre vil y agresivo. Y esto, sin siquiera abrir el libro.
    Si hay más comentarios, puede que me anime a escribir alguna cosilla más.

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